espiritualidad

Sobre el uso del Tarot y la Astrología

Ayer comentaba con una amiga la facilidad que tiene la gente para lanzarse a los brazos de las mancias adivinatorias queriendo encontrar en ellas soluciones milagrosas.

Lo cierto es que reflexionando con ella sobre ello llegué a la conclusión de que mi clientela no suele tener ese perfil, aunque sí es cierto que años atrás me he encontrado mucho con esa forma de proceder o entender el Tarot y la Astrología.

Veréis, hay un debate importante -o yo lo vivía así-, sobre si el destino está escrito o realmente nosotros podemos cambiar las cosas que nos van a suceder con las cartas.

Siempre he sido muy defensora de la idea del libre albedrío pero la experiencia, especialmente con mis clientes, me ha llamado a la cautela en muchas ocasiones, ¿realmente podemos cambiar lo que nos va a suceder?

Algunos ya sabéis que estoy inmersa en un nuevo viaje que me está regalando herramientas y me está brindando la oportunidad de ahondar todavía más en estas cuestiones y, en mi opinión -que creo cierta pero no tiene que ser tal-, creo que cometemos un grave error al no tener en cuenta las decisiones que ya hemos tomado, no todo se basa en cuestiones que planificamos de forma consciente ni a corto plazo.

Pero hablando con esta amiga hice una reflexión en voz alta que me gustaría compartir con vosotros.

El uso que le damos a las cartas, la astrología o cualquier otra mancia adivinatoria, ¿es el correcto?

Sí, saber si va a volver o no va a volver, en un momento de ansiedad, puede ser importante para equilibrar nuestro estado anímico o para calcular las consecuencias de lo que estamos viviendo.

Sí, prepararte para las cosas “malas” ayuda.

Sí, saber que vas a recibir buenas noticias anima (¡y mucho!).

Pero las cartas y la astrología tienen una función que es más importante y a la que pocas -en comparación con las que le dan otro uso- personas le dan trascendencia o valor.

Conocer tu carta natal no debe condicionar tu vida, es una herramienta para aprender. Hay veces que las personas que no conocen la astrología dicen cosas como “pues yo conozco a otros Aries y no son como yo” o “pues no soy nada de eso que suelen señalar como normal para la gente de mi signo”.

Bueno, la astrología es más que dónde está el Sol, pero más allá de ese dato, que no tenéis que conocer, hay otros factores a tener en cuenta.

Dos niños bien, nacidos en una familia con recursos, con carencias -todos, o casi todos, tenemos carencias por algún lado- similares, y unas herramientas parecidas pueden tener dos destinos y dos formas de comportarse completamente diferentes.

Si eso pasa entre hermanos cuya única diferencia es el lugar que ocupa entre hermanos, más pequeño, más grande… ¿qué pretendemos?

La astrología es una herramienta maravillosa, quizás no te sientas identificado con el rasgo que suelen atribuirse porque hay otros elementos que han condicionado una mayor asunción de esa cualidad. O has negado tantísimo aquello que te molestaba en otras personas que has acabado reprimiéndolo en ti mismo de forma inconsciente y, más tarde, consciente.

Son muchos los factores que influyen, pero una carta natal no sirve para saber si hablas más o menos o para “mirarte el amor” como piden muchos. Sirve para saber que herramientas tienes, que herramientas te condicionan, que parte de ti mismo te favorece y que parte de ti tienes que trabajar más para poder sacarle lustre.

A partir de ahí, todas esas búsquedas insustanciales como la que he comentado antes… son absurdas. ¿Cómo te va a ir en el amor? Eso no está en una carta natal.

En una carta natal está si necesitas mucho cariño o no para sentirte amado, si tienes una gran demanda de afecto pero también sabes amar o no, si pones barreras emocionales o comunicativas. No te va a hablar de tu príncipe, ni de tu amado. Tu carta natal te habla de ti, que eres la persona que más te influye.

Es cierto que luego están las revoluciones y las progresiones, hay técnicas maravillosas que te permiten saber que aspectos potenciar durante un intervalo de tiempo o que aspectos son convenientes que moderes. No hay aspectos buenos o malos. Tengo el Sol en XII este año en mi RS que siempre se pinta como el martirio insoportable y, la verdad, me va estupendo para trabajar con las herramientas que quiero trabajar.

Todo depende, siempre, de la persona. Es interesante, sí. Para mí es importante tenerlo en cuenta porque considero que me ha sido de gran ayuda, también. Pero siempre entendiéndolo como algo con lo que trabajar, no como la búsqueda de la lotería que esperamos. Las respuestas no están en la lectura, están en tu reflexión sobre ella.

Las cartas. Ay, las cartas. Me he planteado tantísimas veces dejarlas por el camino. Es muy cruel que una herramienta tan maravillosa se vea limitada a “¿tendré novio?”.

No sabéis como disfruto las consultas en las que podemos utilizarlas para ahondar, para comprender el porqué de lo que sucede, para poder integrar la espiritualidad o el desarrollo metafísico en el día a día.

Siempre he defendido que el esoterismo no puede ser un solo plato de la balanza. Estamos aquí, en la Tierra. Tenemos inquietudes propias de lo terrenal: la pareja, el trabajo, el dinero, la familia, las amistades, los estudios… ¡¡Sí!! ¡¡Es así!! Y está bien poder consultar sobre ello, siempre sabiendo que la última palabra la tienes TÚ.

Las cosas pueden venir de frente o pueden venir de espaldas, hay cosas que vas a poder controlar y cosas que no, pero siempre vas a poder escoger cuál es la forma de enfrentarte a esas situaciones. La mirada la escoges tú. Lo que recoges, lo escoges tú. SIEMPRE.

Porque no hace daño quien quiere, sino quien puede. Porque no te afecta lo que otro haga si tú no le das permiso para ello. Porque lo que un día puede parecerte que es un castigo puede terminar siendo el momento en el que iniciaste el camino que te corresponde. Tu camino.

Aprovechemos las herramientas. Utilizarlas para temas que no son profundos, metafísicos o espirituales está bien, si soy la primera que ha preguntado por esas cosas. Pero no te limites a ello. Busca respuestas que alimenten tu alma, que te ayuden a ensancharte y que te permitan gozar de esta existencia.

Aprovéchalas para reconectar con tu verdadera esencia que, te aseguro, no es el miedo, ni la parálisis, ni el dolor, ni el sufrimiento, ni el padecimiento, ni nada de eso. Puedes estar bien. Tu alma está bien cuando eres consciente de para qué y por qué. Te lo aseguro.