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Todo está bien

¡Hola, almas bellas!

¿Cómo estáis? ¿Qué tal va vuestro viaje por la vida? ¿Me habéis echado un poquito de menos?

Yo a vosotros sí, unos días más, otros menos, pero os tengo presente siempre…

Os escribí en noviembre explicando que necesitaba parar, tomarme un tiempo, sanar, redescubrirme, reencontrarme, alinearme… quiero agradeceros la respuesta que tuvisteis, vuestros deseos de amor y curación, me llegaron todos y cada uno de ellos al alma.

Ya os dije que no era un hasta siempre, que era un hasta luego… y aquí estoy. Y estoy bien. Y quiero explicaros lo que pasó porque, aunque no creo que necesitéis conocer el proceso, me apetece compartirlo con vosotros -quién sabe si ayudará a alguien- y me parece lo más razonable teniendo en cuenta lo super comprensivos que fuisteis conmigo.

Como os conté me fui porque el cuerpo me dijo basta. Tuve, hace tiempo, en un periodo de pocos años experiencias razonablemente intensas que provocaron cambios sustanciales en mi vida.

El crecimiento espiritual es algo que siempre he tenido presente en casa, desde mi infancia, pero pese a ello he hecho como hacemos todos en este viaje, creo. He ido “subida” en una montaña rusa que confrontaban esos dos “mundos” y he ido con una compañera excepcional ubicada en un mal lugar: la mente.

Durante años conviví con una necesidad de perdonar importante. Pero no perdonaba. He vivido con mucha rabia y muchos miedos… que tapaban mucho dolor. Muchísimo. Y lo tapé entre las sábanas de este trabajo: los problemas son de los demás y esto alimenta el ego lo que no está escrito.

Así que mi ego creció y con él mi herida. Y cuanto más crecían, más me focalizaba en el trabajo. Y me focalizaba mal. Me focalizaba desde la mente. Desde la falta de inteligencia.

Mi trabajo se basa en conocimientos que se han ido transmitiendo de generación en generación, sí, pero como os podréis imaginar también hay mucho que no viene de ahí en esto. Hay mucha alma. Videncia le llamáis vosotros.

Y me fui perdiendo por el camino, dejé de ser yo. Dejé de ser Laura. Era “la vidente” en el curro. “Mamá” en casa. “Esa” para muchos de los que se pasean por aquí. No era “Laura”.

Todo llega cuando tiene que llegar y en noviembre llegó el “basta”.

Llevaba tiempo queriendo hacerlo, pero lo hice ahí. Y fue lo mejor que pude hacer.

Durante este tiempo he estado, estoy y seguiré estando en manos maravillosas que aplican lo mejor de la ciencia para sanar mi cuerpo.

He estado, estoy y seguiré estando en un rol diferente en casa. ¿Sabéis lo que era estar desaparecida de casa desde las 9 de la mañana hasta las 10 de la noche? Placebo para la mente, dolorosísimo para mí.

He estado, estoy y seguiré estando en contacto conmigo.

He estado, estoy y seguiré estando en formación. Estoy aprendiendo técnicas maravillosas con profesores de lujo y con compañeros Premium ++.

Y, sobre todo, ha sido genial encontrarme con la paz. Con mi paz.

Pensé que todo esto serviría para encontrar respuestas que me permitieran entender y llegar a ese perdón que necesitaba -por mí- dar. Y no ha sido así. No he encontrado el entendimiento, pero vino a mí algo mejor: la comprensión.

En la filosofía advaita creo que le llaman “momento de Gracia”.

B R U T A L

He comprendido, comprendo y espero no salir de ahí, que todo está bien. Todo estuvo bien. Todo fue lo que tuvo que ser, todo es lo que tiene que ser y todo será lo que tenga que ser.

Y he comprendido que quien está aquí para abrazarte es un alma amiga, pero quien está aquí para clavarte la cuchillada aún te quiere más.

Porque algún día cerraremos los ojos aquí y los abriremos allí, donde verdaderamente importa. Porque un día se asumió un sacrificio enoooorme para enseñar.

Porque sin esa cuchillada no hubiese llegado -ni de coña- a estar como estoy hoy.

Y entonces comprendí, entonces sentí, que no había nada que perdonar. Que todo está bien.

Y he comprendido también que el sufrimiento es opcional, que sufrimos porque intentamos imponer nuestra cabeza, nuestras limitaciones y nuestros criterios.

Sufrimos porque no nos escuchamos. Porque no recordamos. Porque no comprendemos. Porque queremos que nuestro barco navegue por las aguas que vemos sin comprender que el destino está fuera del alcance de nuestra vista, que todo es tan sencillo como dejarse llevar; que en los momentos más difíciles lo fácil es pensar que Dios te lo está poniendo complicado porque no te quiere… y, en realidad, Dios te está viniendo a ver para darte la oportunidad de crecer, de ensancharte, de arribar a puertos infinitamente mejores.

He vuelto.

Estoy bien.

Todo está bien.

Con los pies en el suelo y el corazón en plena forma.

En paz.

Supongo que todo será diferente. Quizás os parezca todo igual. Quién sabe.

No voy a dedicarme a hacer consultas, voy a atender consultas. Pero no voy a estar 13 horas aquí sentada, así que vais a tener que empezar a aceptar, comprender o resignaros a que cuando suceda -la consulta- también estará bien.

En la tienda tenéis 2 horas de lunes a jueves para reservar cita, seguramente atenderé más, ya lo estoy haciendo desde hace unos días… pero dejo que sean nuestras almas quienes criben quién entra.

Volveré con los horóscopos, también, dejadme unos días para que ponga las cosas en orden porque voy un poco de “sanpatrás”.

¡Os quiero!

Laura

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