Ámate

Ámate

Hay pasos fundamentales para poder crecer espiritualmente o madurar como persona, no todos consisten en dilucidar tu responsabilidad sobre los hechos que suceden en tu vida desde la fustigación que conlleva, también hay una necesidad de reconocimiento en este proceso.

¿Cuántas veces has leído o escuchado que tienes que quererte a ti misma? ¿1? ¿10? ¿100? ¿1000? ¿Qué significa quererte a ti misma? ¿Que tienes que dejar de lado tu visión sobre tu entorno para concederte más caprichos, más tiempo, más dedicación, más atención o más qué?

Hay una definición sobre el amor en el libro de Metafísica 4 en 1 de la fallecida e icónica Conny Méndez que dice:

El Amor no es simplemente sentir, no. Es compartir, es ser consecuente, es tener lealtad, es desear el bien, es tener buen humor, es no querer dañar, es ser considerado, es devolver el bien por el mal, es amar lo bello, es tener paciencia, es ser cortés, es obrar con bondad, es sonreír siempre. Es comprender a los demás, es colocarse en el lugar de otros, es defenderlos cuando están ausentes. Es ayudar, es ser apreciativo de la labor ajena, es encontrar todo bien y no “siempre malo”, ser ser hipócrita, por supuesto. Es buscar el bien y la belleza en todo (…)

Es bastante complicado poder describir qué es amar, pero lo primero que suele pasar por la mente de las personas cuando pensamos en el amor es en la pareja, en los hijos, la familia, los amigos… Reconocemos el amor en nuestros actos para con los demás cuando es necesario reconocerlos hacia nosotros mismos.

Comparte contigo, sé consecuente contigo misma, sé leal contigo, deséate el bien, ten buen humor y paciencia contigo misma, no te sometas a malestar o daño, sé considerada contigo misma, devuélvete el bien por el mal, ama la belleza que hay en ti, sé cortés contigo misma, actúa con benevolencia para contigo, sonríete. Compréndete. Colócate en tu lugar -pasado o presente- para comprender el porqué de tus decisiones y actuaciones. Defiéndete. Ayúdate. Apréciate. Encuentra todo lo bueno que tienes y aparca lo que “siempre es malo”, sin ser hipócrita. Busca el bien y la belleza que hay en ti.

Hay tantas personas que tienen ganas de enamorarse, tantas personas con ganas de vivir intensamente lo que es el amor… y tan poca visibilidad o entendimiento de que, realmente, lo que están buscando es amarse… ¡y no se aman!

“Sí, yo me cuido, salgo con amigos, tengo una vida ajetreada y no paro…” Sí… pones muchas distracciones para evitar sentarte frente a ti misma y abrazarte.

Todos hemos tomado decisiones que, aparentemente, han sido erróneas. Todos nos hemos equivocado precipitándonos o postergando tomas de decisiones. Todos hemos transitado caminos embarrados de los que hemos salido con mayor o menor postura y compostura y un saco lleno de recriminaciones.

No se trata de olvidarte de un momento para el otro de todos tus errores, tampoco se trata de esconderlos en un armario y pretender que no luzcan en tu día a día salvo cuando se escapen desde tu discreta pero contundente mente… se trata de que recuerdes y aceptes que hiciste lo mejor que supiste o pudiste. Se trata de perdonarte. De reconciliarte contigo misma. De aceptarte a ti tanto como a tu recorrido. Se trata de amarte.

¿Por qué podemos perdonar a los demás cosas que no nos perdonamos a nosotros mismos?

¿Cómo pretendes ser amada o amado si eres incapaz de mirarte a la cara interiormente y reconocerte con cariño?

Perseguimos metas para demostrar con orgullo que podemos hacer esto o aquello… pregúntate que reconocimiento necesitas tú de ti mismo en esa circunstancia. ¿Qué quieres demostrarte? ¿Para qué necesitas demostrarle a los demás? ¿Por qué aguantas y aguantas con estoicismo y dolor aquello que escuece en tu vida en lugar de reconocer que necesitas darte una tregua, un respiro y reconocerte a ti mismo por todo lo que ya has recorrido?

Fíjate en las personas o situaciones que te cabrean o te provocan dolor. Te lo provocas tú mismo. Te estás sometiendo a esa tortura voluntariamente. Has decidido que debes castigarte para poder alcanzar el bienestar. Lo has decidido y lo vives porque escuece sentarse y moldear el amor que sientes por ti desde tu crítica.

Obsérvate como un niño pequeño, no importa cuando sucediera lo que sucediera. Obsérvate y observa lo que piensas y sientes por ti mismo. Observa lo que piensas y sientes y pregúntate si realmente es necesario ser así de intransigente y crítico, ¿lo serías con un niño de 3 años?. Observa tu intransigencia y tu crítica y date cuenta de que es lo que está pidiendo. Observa que lo que estás pidiendo, aunque lo hayas vivido a través de situaciones que pudieran parecer que están más o menos bajo tu control, en realidad, lo viviste porque tú así lo decidiste. Ámate y disuelve todo aquello que te duele. Ámate porque todo está bien. Ámate porque lo necesitas. Ámate porque lo mereces. Ámate y todo sucederá con y desde el amor.

No hay temor en el Amor. El amor destruye el temor. El temor tiene tormento, y aquel que teme no ha sido perfeccionado en el Amor.

1, Juan 4: 18